martes, 30 de agosto de 2016

Jan es nuestro Bill Watterson

Reconozco que el titular es irritante, sobre todo por el posesivo "nuestro", que suena a ese complejo chovinista de necesitar un homólogo local para cada logro extranjero. Pero no van por ahí los tiros. Es mi forma de justificar por qué, en el país de los autores de relleno, Jan es el rey.


Empiezo por el caso más célebre: Todos conoceréis a Bill Watterson (Washington, 1958). Es el creador de Calvin & Hobbes y probablemente uno de los... voy a decir 10 artistas de cómic más grandes del mundo, éver. No he hablado con ningún dibujante que le tenga por debajo de genio.


Watterson creó la tira del niño y el tigre en 1985, y trabajaba con Universal Press Syndicate. El syndicate en EE.UU. es una especie de agencia de prensa que distribuye contenidos como columnas de opinión, cómics o pasatiempos a periódicos de todo el país. Una de las pegas de los syndicates es que tienden a uniformizar el formato de sus contenidos, para facilitar a los diarios la maquetación. Por ejemplo, especifican un tamaño único para las tiras diarias, al que han de ceñirse tanto Garfield como Peanuts. Para la tira de los domingos, que es más grande, las restricciones son aún mayores, porque algunos diarios le reservan un espacio en vertical, y otros, apaisado; unos con cabecera, otros sin; así que el formato ha de ser una historieta de ocho o nueve viñetas reposicionables en cuatro o tres filas, en que las dos primeras deben contener un título opcional, la siguiente cae en el formato vertical, etc.

Watterson creía que todas estas imposiciones limitaban su expresión artística, y un día de 1990 decidió unilateralmente que su tira dominical sería una página apaisada, dentro de cuyos márgenes haría lo que le diera la gana. Y si a los diarios no les gustaba, que dejaran de publicarle. Según cuenta Watterson en el prólogo de Páginas dominicales (B, 2001), Universal Press le apoyó y, pese a salir perdiendo con muchos diarios, consiguió lo que quería. Y gracias a esa decisión, pudo regalarnos obras maestras como estas:

 



Y ahora, flash forward... bueno, no; en realidad flash back a la España de la Brugueratroika.

En 1975, Juan López "Jan" (Toral de los Vados, 1939) hace debutar en Bruguera a Superlópez, creado dos años antes para la editorial Euridis. El decimotercer álbum Olé del personaje, El génesis de Superlópez (B, 1989), recoge muestras de esa época. Cuesta reconocer el dibujo expansivo de Jan encarcelado en páginas autoconclusivas de cinco filas por página, desarrollando las viejas tramas predecibles de la escuela Bruguera. Según Antonio Martín en el mismo prólogo del Génesis, Jan se negó a hacer esos guiones, que recayeron sobre Conti o Francisco Pérez Navarro "Efepé" (Barcelona, 1953), y otras fuentes que he leído indirectamente hablan de enfrentamiento entre Jan y el entonces director de Bruguera, Rafael González. No hace falta especular; convengamos, sencillamente, en que Jan se siente disconforme. Como si alguien estuviera limitando su expresión artística. ¿Empezáis a ver adónde voy a parar?

Y encima, sexista y pro-zoológicos.
Todo mal.

1979: Rafael González se ha jubilado. No sé hasta qué punto influye eso en la decisión de Jan de volver a llevar a Superlópez a Bruguera, pero así lo hace. Y su nueva propuesta incluye entregas más largas, con color manual, y guiones fantásticos y llenos de slapstick hilarante, cortesía de Pérez Navarro, que ha visto que el personaje tenía más que ofrecer.

Propuesta aceptada: aparecen las primeras historietas autoconclusivas (8 páginas) en Mortadelo Especial. Pero pronto Pérez Navarro se embarca en historias largas episódicas. Y llega El Supergrupo (1980). Y Todos contra uno, uno contra todos (1980). Para muchos (y muy amigos míos), la cima del personaje y del dibujante.



Un juicio un poco injusto, lo de la cima, porque inmediatamente después, Jan toma las riendas de los guiones y hace Los Alienígenas (1981). Y El señor de los chupetes (1981). Y La semana más larga (1981). Y Los Cabecícubos (1984). Y La caja de Pandora (1985). Y en cada una de estas historias, va resquebrajando más los moldes gráficos de Bruguera, pasando la mano por la cara a todos los demás autores de la casa. Sean de relleno o titulares.

Abrir un Mortadelo Especial por la página de Superlópez es para caerse de espaldas ante la explosión de color...


...la minuciosidad de cada tornillo...



...el despiporre argumental.


Bruguera publicó más de 300 álbumes en la colección Olé. Creo que los únicos que yo y mis colegas de El Jueves nos pondríamos de acuerdo en salvar de un incendio o de una mudanza son estos. No sé de qué otra manera describir lo increíblemente divertida e inspiradora que es la obra de Jan.


Pero ESTO NO ACABA AQUÍ. Y abomino de las mayúsculas, pero las voy a usar ahora.

Resulta que Jan es tan bueno que consigue lo que en la historia de Bruguera sólo han conseguido Ibáñez y Escobar: pasar de autor de relleno a tener revista con su propia cabecera.


Desgraciadamente, esto llega en 1985, en los últimos estertores del Imperio Bruguera. Y la revista aguanta tres números. La historia que serializaba, La gran superproducción, se termina directamente en álbum, el último de Bruguera antes de bajar la persiana. Y entonces llega B y todo eso que ya hemos contado.

Pero alguien en Ediciones B sigue creyendo en la cabecera; ve que Jan es un artistazo que tiene que comer aparte. Y en vez de meterle de relleno en su Mortadelo de marca blanca, le dan una nueva revista, en 1987. Y en ella empieza Viaje al centro de la Tierra.


Es en esta aventura exactamente donde muchos críticos denuncian el principio de la debacle, los primeros "síntomas de la enfermedad que acabará con la serie". Y aquí es donde me pongo serio. Porque si secuencias como esta:


...o esta:


...o esta:


...viniendo de la "escuela" del plano sin perspectiva y el fondo bosquejado, a alguien le parecen síntomas de una enfermedad, se puede ir al puto infierno de los nostálgicos en su cinicomóvil.


Sí, Superlópez cambia. De álbum en álbum. Algo ciertamente insólito cuando el referente vitalicio es Ibáñez, cuyos cambios de estilo se miden en periodos de diez superhumores, pero así es Jan. Aunque en nivel de detallismo toca techo en Viaje al centro de la Tierra, sigue desbordándose gráficamente en los siguientes álbumes, con una gestualidad apabullante y líneas cinéticas delirantes, haciendo viñetas más grandes para montarlas en composiciones de página locamente dinámicas que ningún otro autor de su escuela sueña. Para el lector infantil de Mortadelos, ver este Superlópez es como descubrir tres dimensiones adicionales. Pobladas, además, de petisos y otros animalitos. :_)



Y claro, los guiones cambian también, porque a Jan le apetece contar otras cosas, muchas y muy diversas, que sólo un filisteo puede meter en el mismo saco etiquetado como "Superlópez malo". Ahora, un viaje tintinesco en En el país de los juegos (1988). Ahora, una historia tierna starring Martha Hólmez en El asombro del robot (1989). Ahora, un loquísimo "Escoge tu propia aventura" en Los petisos carambanales (1989). Ahora —sí, ¿qué pasa?—, un mensaje antidroga a los jóvenes en Un camello subió a un tranvía en Grenoble y el tranvía le está mordiendo la pierna (1991). Porque a Jan le preocupan los jóvenes. Le preocupa que os endroguéis y vayáis a fiestas de punkis treintañeros y acabéis haciendo revistas que son fanzines con ínfulas en las que habláis de cuando Superlópez molaba. Mal, chicos, mal. Decid "naranjas".

Y por cierto, sólo en el título de ese álbum tan denostado Jan ya nos recuerda que tiene él más personalidad que todo Ediciones B. ¿Alguien imagina a Ibáñez diciendo a su director "mi próximo largo tendrá un título de dieciséis palabras"? No. El próximo largo de Ibáñez se titula La bombilla, ¡chao, chiquilla! Y los profesores de la escuela Bruguera ríen en sus tumbas.


La revista Superlópez se despide tras 55 números, al terminar Los cerditos de Camprodón (1990). Los siguientes largos se serializaron en Yo y Yo, y finalmente en Super Mortadelo: Jan vuelve a ser autor de relleno.

Las revistas se extinguen en 1995, pero Jan sigue produciendo álbumes hasta hoy. Que yo sepa. El radio de acción de este blog y de mi fascinación no va más allá de esa fecha, pero procuro no volver la espalda a todo lo que se salga de una subjetiva "edad de oro": en casi todos los Superlópez hasta 1995 me pierdo a gusto, y hay varios aún posteriores que me gustan mucho.

Y no, no ha vuelto a haber una Caja de Pandora. Sé que muchos dibujantes en la posición de Jan harían La caja de Pandora una y otra vez; muchos críticos la harían; muchos fans la harían. Pero Jan no la vuelve a hacer, porque ya la hizo. Y eso, eso exactamente, es un síntoma de genialidad. No de enfermedad. Superlópez lo dijo mejor que yo en Cachabolik Blues Rock.

Fun fact: Jan dibujó troquelables de Heidi para Bruguera en los 70.


Bill Watterson se cansó del cómic en 1995. Ahora pinta y hace música y ha pedido a sus agentes que no le envíen más fan mail de Calvin & Hobbes. Jan no fue tan drástico; no dejó Superlópez, pero dejó La caja de Pandora para perseguir otros intereses. Y si tu reacción a esto es "pues ojalá hubiera dejado a Superlópez del todo, para no empañar mis recuerdos de su buena época", eres una rémora inmovilista como los que se oponen a nuevas versiones de Cazafantasmas conflictivamente distintas a la que les gustó de niños.

Superlópez no es nuestro patrimonio, nos guste o no. Nosotros sólo lo comprábamos y leíamos en horas; Jan lo escribe y dibuja en meses. Por no mencionar que comparte nombre y apellido con él. Es su personaje. Y se lo llevó consigo en pos de nuevas aventuras.


*

Muchos ex alumnos de Bruguera son críticos con la difunta editorial. Le reprochan el humor formulaico, el desprecio al artista y la escasa innovación. Cabe preguntarse, sin embargo, si con B las cosas mejoraron o no. Yo, viendo mi colección, creo que no mucho. Sí, llegó sangre nueva, a la que he colmado y colmaré de elogios en este blog, pero la línea editorial avanzó poquísimo, en diseño y en contenido. Todos los dibujantes de las revistas de B a finales de los 80 pasan por el mismo cedazo: viñetas ortogonales, color mecánico, cero perspectivas, cero trama. Y del respeto por el artista baste decir que la historieta de Mortadelo la firmó un "Equipo B" durante dos años.

El único que desafiaba ese patrón, el único que se sale de la cuadrícula y de la página, es Jan. No sé muy bien por qué a él se lo permiten, pero las cosas como sean: gracias por permitírselo. Él es el que no pasa por el embudo; es el que desafía las imposiciones, y se lo consienten; es el que hace los cómics que quiere, pagando el precio: pierde público, pero no empeño. Él es quien nos enseña que vayamos a nuestra bola.

Ese es Jan. Nuestro Bill Watterson.

jueves, 25 de agosto de 2016

Marco - Jarry Jarrón

Decíamos ayer (ejem) que Marco era un autor de relleno de los majos. Coetáneo de Cera y Ramis en la época de Ediciones B, publicó menos que estos pero su dibujo era llamativo, para bien. Sus creaciones estrella (no las únicas) son Porrambo, de quien ya hablamos, y esto de aquí.


Jarry Jarrón ("Deteztive de profesión") nace en la revista quincenal Super Mortadelo, a finales de 1987, y es una parodia de la novela y el cine negro americanos, situada oportunamente en un universo de sabuesos antropomórficos. El héroe, bastante alejado de Humphrey Bogart en aplomo (y estatura), pero con la aparente dureza que proporciona no mostrar casi nunca los ojos, viene en los dos atuendos tradicionales (camiseta imperio o gabardina, sombrero no opcional), fuma, bebe, y empieza todas sus aventuras aburriéndose en su oficina a la espera de que un nuevo caso llame a su puerta.



Casos que suelen incluir matones, femmes fatales y todos los secundarios habituales del género. Lo que se llama una parodia de verdad, vaya. Se suele escribir que Mortadelo y Filemón es una parodia del género de espías, pero a mí, que lo he leído a granel, me parecen ganas de dignificar una premisa que es slapstick puro. Jarry Jarrón es más leal a su género y muestra bastante más respeto/amor por el material original. Sirva de ejemplo una escena con chica.


Este es un tema del que ya he disertado alguna vez y que Jarry Jarrón ejemplifica a la perfección. Piénsenlo: Marco crea para Súper Mortadelo una parodia de un género que su público, probablemente, no ha visto jamás en forma pura. Dicho en plata: los lectores de Jarry Jarrón eran niños que difícilmente habrían tenido la paciencia para ver El halcón maltés, mucho menos leer una novela de Marlowe. Era mi caso. Sin embargo, a mis 7-8 años, yo entendía la clase de héroe que Jarry parodiaba, sin haber visto su material original. Quizá fotos de Bogart; fragmentos; con suerte, Quién engañó a Roger Rabbit (1988). Todo muy disperso, pero capaz de inspirarme ya un imaginario coherente.


Este fenómeno me fascina: que un género se consolide tanto que un niño pueda entender la parodia del mismo antes de ser expuesto al original. Pensad, del mismo modo, en el western. Sea por un corto del Pato Lucas, o por Rango, un niño puede enumerar los clichés de las pelis del oeste mucho antes de desbloquear el nivel de span de atención que requiere ver una peli del oeste. Es más: te convalida esa asignatura pendiente. "¿Te gusta el género noir?" "Sí, me encanta Jarry Jarrón", podría responder un crío que aún no ha visto una sola peli en blanco y negro ni leído un libro fuera de la cole "Barco de vapor". Dice mucho del poder de ese imaginario, pero también del parodista, que conserva lo justo para tener un pie dentro del género y con el otro pie abrirnos la puerta.

Y eso es algo que parte del público parece subestimar. Por ejemplo, leo críticas absurdamente iracundas hacia Stranger Things porque es un pastiche del Spielberg y el King de los 80. En primer lugar, probablemente era la intención; y en segundo, tiene mucho mérito hacer eso. Crear una nueva obra en un género completamente establecido, respetando todas las pautas, no es nada fácil, ni menos meritorio que crear algo nuevo donde se te permite trazar tus propias reglas. La gente elogia a autores que prueban un género y "lo llevan a su terreno". Permitidme que me dé humos, pero como creador, eso es lo fácil. Llevar un género a mi terreno me es prácticamente inevitable; más sacrificado sería que fuera género puro, sin personalización.

Y no importa en absoluto quién o qué fundó el género; no tiene más mérito la primera obra que las últimas. Yo escribo libros sobre casas encantadas; la primera novela de ese género se considera El castillo de Otranto, de Horace Walpole (1764); probadla si queréis; es un tostón infumable. Del mismo modo, dad a leer a un niño de 10 años una novela de Dashiell Hammett: le mataréis. Dadle Jarry Jarrón: le gustará. Supongo.


Mejor no le deis esta página; es
políticamente incorrecta. Pero dadle otra.


En fin. Jarry Jarrón, gracioso. Y bonito. Creo que es una de las series a las que el color mecánico sienta peor; hubiera sido interesante ver si el color manual también habría respetado más la estética noir.  Todas las imágenes de este artículo proceden de su único álbum de la colección Olé, aunque la serie dio para más de uno: calculo que hubo unas 75 entregas (entre los números 15 y 90, más o menos), primero de 6 páginas y luego de 4. Agradezco a quien escaneara el álbum, y añado esta página de mi cole: star guest de Porrambo en el n.º 78, "especial culturismo".


Marco creó también Dr. Frank & Einstein, una serie de científico apasionado y ayudante monstruoso, para la revista Súper Zipi y Zape. Como siempre, me gustaría decir que superó su fase de autor de relleno y hoy es dueño de un emporio editorial en algún país escandinavo, pero no lo sé. Si le conocéis, decidle: 1) que me encanta su dibujo, y 2) que desde hace un par de años soy el feliz padre de un detective privado que fuma, bebe y vive sus aventuras en camiseta imperio y sombrero. Noir, llevado a mi terreno, claro. Y sí, cuando me pregunten diré que es un homenaje a Raymond Chandler, pero para mí Jarry fue el primero.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Gane más dinero dibujando

Creo recordar que alguien en El Jueves mencionó o parodió este anuncio recientemente. Aun así, me ha sorprendido encontrar el original. Es de 1972.


Naturalmente, necesitarás material:

1973.

1985.

Y por cierto, aprovecho esta plataforma para decir de una vez lo que pensé durante toda mi vida escolar: sus gomas de borrar, señor Pelikan, eran una mierda. Ya la mitad blanca era tan dura que lo menos malo que podía ocurrir era que ensuciaras el papel sin rajarlo entero, pero es que la mitad negra, de una dureza de 11 en la escala Rockwell y áspera como un Fleshlight de Scotch-Brite, ¿para qué coño servía? ¿Para borrar tinta? ¿Lijar madera? ¿Cortar diamante?

¿Y para qué quiere nadie un semicírculo, joder?


*


Ay, otra cosa (¿veis?, ya estoy de buen humor otra vez): mañana viernes, los atesoradores de cómics de BCN y alrededores tenemos una cita social. Ya sabéis, de las de ducharos antes y poneros vuestra mejor camiseta con referente pop rebuscado. Y el motivo es la presentación de Whakoom, el sitio de los tebeólogos. De hecho, Whakoom lo han desarrollado amiguetes míos y es el culpable de que yo exhumara mis revistas y lanzase este blog. ¡Y en la inauguración es donde reparten las invitaciones!

 Cuándo: Viernes 29 de noviembre, 19:30. 
Dónde: Librería Universal. Ronda Sant Antoni, 9. BCN.
Lo cuálo: ¡Presentación de Whakoom! ¡Parlamentos cortos y regalos! ¡Personas, asistir!

lunes, 25 de noviembre de 2013

Tran - Gutapercha / Plurilópez

A menudo, cuando tengo que documentarme para un post de estos (porque yo no me invento todo lo que digo, ¿eh? Busco a otros que se lo inventan por mí), tengo la enojosa sensación de llegar tarde. Ya me supo mal que Jorge Bayona Url hubiera muerto en La Floresta meses antes de empezar este blog. Y justo ahora que había escaneado algo de Tran (José Luis Beltrán: Zaragoza, 1931) y consulto su biografía, me entero de que murió en Sitges el pasado octubre. Sin que ni mi TL de Twitter se diera cuenta.



Como Jiaser, Tran fue otro pintor/comiquero de la era Bruguera. Tiendo a pensar que pintor por vocación, comiquero por un sueldo fijo. Empezó en Tío Vivo en 1960, creando varias series (las más recordadas, Tete Gutapercha y Plurilópez). Las historietas que ilustran esto son de c. 1980; en el Mortadelo refundido de 1984 ya no hay material suyo. Hasta donde he visto, pocos guiones escribía él; sin embargo, según alguna entrevista, el personaje de Gutapercha (un decorador) tenía bastante de autobiográfico, y deduzco que el de Plurilópez (un pluriempleado) también, por razones obvias.

Lo cual mola. Porque siempre que se habla del retrato social en los personajes de Bruguera clásicos, se citan los casos que retratan la cara más gris y grotesca de la posguerra (Carpanta, Doña Urraca, etc.). Por contra, los personajes de Tran retratan una faceta más ligera: la clase media de los 60 y 70, con su esperanza de prosperidad. Y lo hacen bien: Tran captaba los detalles estéticos de la época, su moda entrañable de cuellos altos y pantalones acampanados. El mismo diseño de Plurilópez es sintomático (nótese el cigarrillo en todas las viñetas): se parece a nuestros padres de jóvenes, pero no a nosotros. Y mirad la compañera de Gutapercha, qué vintage:



(Y sí, este es el típico ejemplo de cosa que hace que un autor me haga gracia hoy, pero que no ganó mi atención cuando era crío. Pero claro, afrontémoslo: las aventuras de un decorador, así, como premisa, no es para enloquecer a una guardería.)

"Cumbres", Humberto Tran.

Tran murió sólo un par de semanas después de inaugurar exposición en una galería de Sitges. En ella se exhibía la obra que produjo tras apartarse del cómic. Podéis ver más en la web de la galería.

jueves, 21 de noviembre de 2013

El consejo de un amigo


Me es imposible no sonreír ante esta página.

Por algún motivo, en mis Mortadelos viejos proliferan los anuncios de CEAC y CCC, dos centros de aprendizaje por correspondencia de cuya existencia real sólo tengo constancia por sus anuncios omnipresentes.

Bueno, miento: bajando de Gerona a Barcelona por la autopista, en algún lugar del Vallès, pasabas por un edificio con el logo de CEAC (o el de CCC, no me acuerdo) pintado en el muro. Entiendo que era una oficina. Pero bueno, lo que vengo a decir es que no tengo noticia de nadie que tenga un diploma obtenido por correspondencia, rollo La bruja novata. Si algún día veis alguno enmarcado en la consulta del podólogo, o algo así, hacedle una foto y mandádmela, que me hará ilu. Debió de haber muchos en su día, a juzgar por la tenaz publicidad de las academias.


CEAC insistía muy fuerte en el punto "a las pibas
les mola un currículum bien duro, tronco".

De hecho, las revistas de cómics debían de ser una de sus plataformas favoritas, porque recuerdo también que el anuncio de CCC en la contra de El Jueves de los 90 era un clásico. (O el de CEAC. Que no me acuerdo, joder.) Hasta tal punto era típico que, en su número 1.000, El Jueves hizo un recopilatorio ficticio de la revista a través de la historia (el número de la edad de piedra, el del antiguo Egipto, etc.), y cada uno de estos números acababa con un falso anuncio de cursos de pintura rupestre y construcción de pirámides y tal. Era un buen gag.

Entiendo que los publicistas vieran en El Jueves un buen canal para llegar a su target: "¡Mira, ahí! Gañanes que ya beben cerveza y aún están ahí, leyendo tebeos, en vez hacer algo de provecho." Sí, lo entiendo. Pero que se anunciaran en Mortadelo o Zipi y Zape, que eran claramente revistas infantiles... Bueno, igual por aquel entonces el lector de doce años ya se sentía presionado a aprender un oficio. Ya se sabe, el lema de los mayores: "Yo a tu edad ya trabajaba".

No sólo había CEAC o CCC; era un mercado amplio.
Este y el de arriba de todo son de principios de los 70.


He buscado por ahí y CEAC y CCC aún existen y tienen web y todo; pero eso ya no me ha interesado mucho. Estamos en la era de internet; ya sé que ahora puedo estudiar a distancia. Y casarme con una rusa a distancia. Antes tenía mérito. Tú antes molabas, CEAC.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Jiaser - Pepe Trola

Algo que me sorprende de los dibujantes de cómic de antaño es que muchos no eran dibujantes de cómic.

Creo que eso ha cambiado. Diría que casi todos aquellos dibujantes de cómic profesionales con los que tengo trato (o sea, muchos de El Jueves y pocos más) son dibujantes a tiempo completo. Si tienen proyectos paralelos, que suelen tenerlos, también tienen que ver con el cómic. Algunos se dedican también a la ilustración, que sí, es harina de otro costal, pero no veo que su cambio de registro sea muy drástico. Y sí, otros tienen pluriempleo (me han hablado de un juevero que cuando no está dibujando trabaja de tanatopráctico), pero diría que su única expresión artística es el cómic.

Sin embargo, ¿a vosotros no os llama la atención que la persona que dibujaba esto...
 

 ...en su expresión artística más libre hiciera esto?



Pues este era José Antonio Serna Ramos (1927-2011), Jiaser o Jia en el cómic. Nació en Alicante y en los 50 se fue a París a dedicarse a la pintura. En 1975 volvió a España, ya casado, y creó para Bruguera series como Pepe Trola, Cucaracho o Maff y Osso. (Tengo pocos ejemplos de su obra, pero los guiones nunca son suyos.)




En la época Bruguera, entiendo, la profesión de dibujante de cómics era muy exclusiva. Pocos autores tenían tanto trabajo como para vivir sólo de eso, y tampoco es que el oficio tuviera un gran prestigio, así que artistas con otros intereses recurrían a la historieta para poder comer. (Por precario que parezca el cómic, la pintura lo es más.) El caso de March, el de Tranqui y Tronco, guarda algún parecido.


Yo no diré que de pequeño prestara mucha atención a las páginas de Pepe Trola. Pero descubrir que detrás de ellas había un artista tan complejo ahora me hace mirarlas con otros ojos.

Y por cierto: hay un Flickr.

sábado, 26 de octubre de 2013

Publicidad


1982.

Más opciones para chocolatear la leche. Los 80: ¿libertad o libertinaje?

Me encanta, sin embargo, el aire adulto del anuncio. Formato testimonio, eslogan alusivo pero sin nombrar al enemigo, modelo brindando con un vaso... Este mismo chaval, 40 años después, puede anunciar Chivas con la misma pose y el anuncio saldría en alguna revista seria tipo Forbes o Cambio 16.

Esto me parece buena publicidad. Dibujitos, historietitas, colorines y tetas, MAL. Esto, BIEN.

martes, 22 de octubre de 2013

L'Avui dels Súpers

El post de hoy es de regionalismos y de fomentar la división de España, pero qué le voy a hacer: el otro día encontré esta colección, y se merece, al menos, un post.


Contexto: L'Avui dels Súpers era como el Pequeño País del diario catalán Avui (hoy El Punt Avui), coordinado con el Club Súper 3, programa infantil de Televisió de Catalunya. En mi casa no se compraba el Avui porque ya se sabe que el diario que lee cada uno es lo más parecido a un sistema de castas que tenemos en occidente, y a nosotros no nos tocaba el Avui. Pero a mi tío sí, y lo compraba cada sábado para darme a mí el suplemento. Los tengo todos (suponiendo que sólo salieran cuarenta, que creo que sí). Resulta que la revista dels Súpers llegó oportunamente en septiembre de 1994; por esa época, a mí, de Ediciones B, ya sólo me gustaban Cera, Ramis y Jan; no valía la pena comprar el Mortadelo para seguirles sólo a ellos. L'Avui dels Súpers trajo una nueva remesa de autores (¿de relleno?) que no podía venir en mejor momento.

Cavall fort. En portada,
Ot, el bruixot
, de Picanyol.

Massagran. Guion de Ramon Folch
i Camarasa, dibujos de Madorell.
Desde mi perspectiva, el panorama de cómic original en catalán en los 80 no mataba mucho. Existía y existe una revista, Cavall Fort, cuya historia y significado sociocultural es más interesante que su contenido; existía Tretzevents, más progre, que cerró en 2011 tras 60 años de existencia, pero que yo no recuerdo haber visto jamás en un kiosco; existía Massagran, que es nuestro Tintín, más o menos, y poco más. Yo, a mis 13 años (y no creo que fuera el único, pero eh, intervengan si quieren), asociaba cómic catalán con una serie de autores más ilustradores que comiqueros y una línea editorial bastante queca (ñoña). Los dibujitos que hablaban catalán siempre fueron de señoras: las señoras de Teo (Violeta Denou), la señora de Las tres mellizas (Roser Capdevila), la señora que dibuja como Pilarín Bayés (Pilarín Bayés)... Para alguien que había aprendido a leer con Ibáñez y crecido con Ramis, el cómic catalán era poco engrescador. (Insisto en que esto no pretende ser historia; es mi percepción de la época y nada más.)

Pero L'Avui dels Súpers se lo curraron. Había alguno de los autores tradicionales (Picanyol, sin ir más lejos), y alguna portada de señoras, pero casi todo el resto de series era de verdadera masturbación sensorial. Hecho por algunos autores conocidos, aquí hablando en su otra lengua materna, y otros que empezaban entonces, pero a los que ahora conozco muy de cerca. Mucho. :D

De las 16 páginas de la revistilla, sólo tres o cuatro traían contenido relacionado con el Club Súper 3 en sí. La primera, con el tema principal del número, corría a cargo de Joan Tharrats y Vaquer, de fama juevera. Curiosamente, esta era la época en que los experimentos de Vaquer con el Mac desconcertaban a los fans del dibujo bonito de Johnny Roqueta, pero en las páginas del Club Súper 3 quedaban bien. Yo flipaba con ese trazo acelerado (aún lo hago) y la composición a golpe de copypaste encajaba bien con el programa de televisión, que era un formato contenedor como el que luego copiaron TVE con Pinnic o Antena 3 con Megatrix. Y ahora que me acuerdo, había una tía en Pinnic que tenía un polvo con amor. Ya está, hasta aquí mi digresión obscena. 

Petri, Supernets y Noti. A mí, eso de dibujar tipazos en tres trazos siempre me fascinará.

Por cierto, un ejemplo de absorción deliberada:

Las bambas de Flash, Top i Buf.
Las bambas de Xavi en Edgar trabaja.

Y ahora, las series.

(Discléimer: lo que viene ahora es un montón de historietas en catalán que no he encontrado traducidas y que, tras considerarlo dos segundos, he decidido no traducir yo, más que nada porque no me apetece. Si es su voluntad, siéntase usted libre de ofenderse mucho por esta flagrante marginación y de irse a la mierda y desde allí escribir al director del ABC quejándose de historietistas que hacen cosas en lenguas que usted no conoce sólo por fastidiar. A los demás, os invito a intentar leerlas; vale la pena el esfuerzo extra. Y joder, es catalán, no uzbeko.)

Como en toda revista juvenil catalana, no podía faltar la sección de rollo cau/casa de colonias hablando de la naturaleza y la biorriqueza patria y blablablá. Pero ¡oh!, esta vez viene ilustrada con chistes buenos, no ingenuos, y con referencia pop incluida. Y los firma un tal... ¿Manel Fontdevila? ¿De qué me suena a mí ese nombre?


Esta sección se acabó a las 20 semanas. Entonces, el tal Fontdevila estrenó una página completa:  S'ha acabat el pati! ("Se acabó el recreo"), protagonizada por el joven Eloi, amante no correspondido de la bella Mireia. Igual la nariz y el pelo de Eloi, y Mireia entera, os recuerdan a alguien.

Max el Tapir se recicla al pie de la página como presentador de la agenda cultural. Y me mata con ese chiste sobre Jordi LP, stand-up comedian catalán. Os juro que Guille y yo hace años que hablamos de una hipotética peli de acción a lo Jungla de cristal que debería rodarse en las calles de Barcelona, y coincidimos siempre en el mismo punto: el villano tiene que ser Jordi LP. Bravo, Manel; compartimos una visión.
Pero el talento del tal Fontdevila no acaba aquí: sirve de guionista a J. M. Beroy en la que me parece, con diferencia, la mejor serie del cómic nostrat jamás creada, una que debería haber barrido hace años a Massagran de las estanterías: Els fabulosos Mallofré, superhéroes defensores de los valores catalanes, que en estos tiempos de tensión y de oídos sordos a nuestro grito como pueblo YO REIVINDICO A LA PUTA VOZ DE YA:


El golpe estético es como para provocarle o curarle la epilepsia a mi yo de 13 años. Vengo de Bruguera y B, de Ibáñez y sus discípulos, de un mundo de eternos planos laterales encajados en viñetas de altura homogénea. Sé que existen Marvel y el manga, pero quedan lejos, como la mili. La flexibilidad de estas páginas es como descubrir de golpe dos dimensiones extras y seis colores nuevos en el arco iris. Solo la tercera viñeta (contrapicado, escenario, sombra dramática) se mea sobre seis kilos de álbumes Olé embalados para el trapero.

Otra de regalo. En esta, los jueveros reconocerán más al guionista, creo.


No quiero restar un ápice de mi admiración a Beroy, pero no es sólo Beroy. Els fabulosos Mallofré es una serie mensual; se turna en la revista con otras igual de potentes. En el número siguiente, se nos presenta El Bosc Feréstec, S.L. ("Bosque agreste, S.L."), una agencia de talentos en un mundo de hadas y dragones. Firma el colectivo La Penya. (Yo aún no había descubierto la opus magna de La Penya, Mondo Lirondo. Ah, y por si alguien no lo sabe: La Penya son Àlex Fito, José Miguel Álvarez, Ismael Ferrer y Albert Monteys. Oh. Sí.)


Es difícil determinar quién hace qué en La Penya, pero yo, que me jacto de conocer a Monteys, quiero ver su huella en el chiste de la tercera viñeta ("Bhaf no viene porque está enfermo, y Whouf tampoco porque no existe, te lo has inventao"). Gracioso.

Maldita sea; pongo otra, porque son demasiado buenas:


 Va, la última, la última. Es que el gag de esta primera página me parece perfecto.


Bueno, venga, sigo antes que me denuncien por infracción de copyright. A mitad de la revista, Ismael Ferrer saca el pie de La Penya un momento para firmar una serie propia. Como Súper 3 es en parte responsable de descubrirnos el manga a nuestra generación, parece justo que la revista cuente con una serie de ese estilo: Eli i la iaia Makuto, crónica del verano que una adolescente pasa con su abuela ninja en un pueblo de locos típicamente nipón.



Móar. Otro clúster de autores que firma como Frankfurt (pero que la cabecera anuncia como Alfons López, Rafel Vaquer y Xavier Roca) vuelve a tirar el Paint Shop Pro por la ventana con Star Craks, transportistas intergalácticos. Otra tanda de dibujos humillantemente rápidos y molantes.


La última serie en rotación: Pasqual Ferry crea a una chica llamada Lluna (no, no saquen conclusiones), más emo que ninguna chica mona y más mona que ninguna chica emo, y le da un noviete al que no se puede llamar por teléfono: hay que invocarle en un pentáculo. La serie se llama Als llimbs ("En el limbo"). Es una verdadera pena que sólo se publicasen (creo) tres entregas; los personajes me hacen caer la baba aún hoy. Pasqual Ferry se fue a trabajar a la Marvel y ahora es el dibujante de Thor.


Última for justice: a Joan Gómez (lugar y fecha de nacimiento desconocidos) yo le tenía más por ilustrador que por comiquero, porque cuando le reencontré en L'Avui dels Súpers me sonaban los dibujos de un libro de ciencias que tuve en la EGB. Gómez había estado en Tretzevents, de donde creo que reciclaron la serie Els somnis de l'Anna ("Los sueños de Anna"). Aunque menos gamberra que todas las series anteriores, era una de mis favoritas: esa profusión de detalles que se gastaba prorrogaba la lectura.



Vale, ¿veis ese monstruito verde y encorvado a la izquierda? ¿El que parece tener un solo ojo?

  

No, no, no busquéis las diferencias. Lo saqué de ahí. 40 números de L'Avui dels Súpers ocupan mucho menos que todos mis Mortadelos; pero la impresión que me causaron fue profunda. Eso merece, al menos, un post. De los largos.